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La soledad en la lactancia

Durante mi embarazo me visualizaba feliz y contenta como las madres que solía ver paseando. Cuando tuve a mi bebé en brazos…nada fue como esperaba

Siempre lo cuento así cuando me preguntan las mamás del círculo maternal, y es que así es como yo lo viví y experimenté.

Mi embarazo no fue nada fácil y el parto fue una inducción de cuatro días. Ya te puedes hacer una idea! A pesar de estar separada de mi hija durante 14 horas tras su nacimiento, me dije: Alicia la lactancia tiene que funcionar, y funcionó. Pero no pienses que fue un camino de rosas.

Hasta conseguir el enganche de Alma al pecho, pasaron 4 largos días en los que no había manera. Es importante tener en cuenta que Alma estaba conectada a una incubadora y no tenía sensación de hambre. Durante todo ese tiempo estuvimos piel con piel, favoreciendo el vínculo e intentado compensar las horas de separación, que fueron muchas.

Yo por aquel entonces no tenía mucha idea de lactancia. Había visto en alguna ocasión amamantar y me había leído el libro de Carlos González «Un regalo para toda la vida» que también hice leer a mi pareja. 

El caso es que tenía a una bebé que había nacido en un parto inducido, con una RCP en su frágil cuerpo, 14 de horas de separación y que no había manera de que se enganchara al pecho. 

Ese famoso cuarto día, me levanté con fuerzas y pedí que me dejaran sola…

inicios lactancia

Me armé de paciencia y confié, ya no en Alma si no en mi. Sabía que podía amamantar a mi bebé y que era cuestión de tiempo.

Con ayuda de una jeringuilla con calostro (previamente extraído) fui dejando caer sobre mi pezón unas gotas de ese oro líquido. Estas fueron a rozar los labios sedientos de Alma y poco a poco, como por arte de magia, ¡se enganchó!. No puedo expresar ni trasladar lo que experimenté en ese instante. Sólo os diré que cuanto más mamaba mi pequeña, más fuerte y segura me sentía yo.

Pero como os he dicho más arriba, esto no fue un camino de rosas. Al llegar a casa me sentí muy vulnerable. No sabía si mi bebé mamaba lo suficiente o no. Mis pechos estaban cada vez más duros y dolorosos. A Alma le costaba alimentarse de ellos. Y para colmo de males los que supuestamente tenían que apoyarme (personal sanitario) no lo hacían. Sólo se fijaban en el peso y en recomendarme la «ayudita»

Así que ya os podéis imaginar!. Sola en casa, mi pareja que sabía menos que yo y un entorno que no facilitaba mucho las cosas. Tristemente todo el mundo opinaba y me ofrecía dejar el pecho.

«Lo bonito de la vida es que cuando necesitas algo, el universo en ocasiones te lo ofrece».

Comencé a acudir a un grupo de lactancia de la liga de la leche que estaba a más de 50 km de mi casa. La distancia no me importaba, ya que resolvían todas mis dudas y las de mi pareja y eso ayudaba a seguir amamantando a mi pequeña. Allí acudí mensualmente durante más de un año, hasta que me uní a otras mamás de mi entorno más cercano para formar nosotras un grupo de apoyo.

Fueron años de mucho crecimiento y de muchas críticas también. Éramos para ciertos sectores «las radicales de la teta». Nada más lejos de la realidad. Nosotras sólo queríamos apoyar a las mamás que como nosotras, tenían dificultades para disfrutar de su lactancia.

lactancia prolongada

¿Todavía le das pecho?

Si das pecho a un bebé mayor de 12 meses, sabes de lo que hablo. Si ya la gente te mira raro cuando te ve amamantar a un bebé de 6/8 meses, cuando lo haces a uno de más de 1 año, 2 años, 3 años, 4 años..ni te cuento.

A estas alturas de la lactancia, todo te resbala, o por lo menos se intenta. Cuando has pasado por más de una crisis, cuando has cambiado de amistades porque te ven como un bicho raro y a todo esto se suma, que igual no haces las cosas como el resto del mundo espera…llegas a un punto en el que no contestas, ignoras los mensajes hirientes que te envía tu familia, amigos, frutero y hasta uno que pasa por al lado de ti….qué también opina.

Pero hasta llegar a ese punto, pasé muchos días de mi posparto sintiéndome sola, incomprendida, juzgada. Todo lo que hacía por el bien de mi hija según los «entendidos»  (cualquier opinólogo cercano) estaba mal.

Lo importante para mí en esos momentos era el apoyo incondicional de mi pareja y ver crecer a mi hija sana y feliz.

La lactancia prolongada nos estaba permitiendo sanar un nacimiento traumático y potenciar el vínculo afectivo tan importante en la salud emocional de una criatura. ¡Mi criatura! 

Pero eso no se lo puedes ir explicando a la gente. La gente no lo entiende, a la gente no le interesa. La gente solo juzga y juzga sin tener ni idea. Porque dar teta no interesa. Porque ofrecer tu pecho en público a tu bebé, incomoda. Porque a día de hoy 13 años después de que comenzara a dar el pecho, las cosas están prácticamente igual.

Mi lactancia duró 4 años y medio justos. Fui yo quien tomó la decisión y si os habéis planteado un destete podéis reconocer que la culpa siempre nos ronda. (esto da para otro post) Superado ese momento, en la imagen de aquí abajo podéis ver a mi hija intentado mamar una semana después de haber sido destetada. ¡Ya no sabía hacerlo! Increíble verdad?!

De la lactancia que viví junto a Alma, me quedo con los momentos de conexión, con el encuentro de nuestras miradas, y con los minutos, horas, días, años que compartimos en la intimidad nutriéndonos mutuamente.

Estar con otras madres puede salvar tu lactancia, tu posparto y mucho más

Si me conoces, ya sabes que llevo años asesorando a otras mamás. Fue tan grande el abandono y la soledad que viví en una etapa tan vulnerable, que sin pensarlo me vi acompañando. Sigo pensando que es importante ofrecer un apoyo sincero y sin juicio a cualquier mamá, de pecho o no. Las madres no necesitan juicios, necesitan hombros y miradas sinceras donde abandonarse y liberar sus miedos.

Con estas palabras y contando a pinceladas mi experiencia, espero alentarte a buscar el apoyo necesario para que disfrutes al máximo de tu lactancia. Qué nada ni nadie, te la robe. Ni siquiera tus miedos.

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